viernes, 3 de septiembre de 2010

Culpa


Comienzo a acercar mis labios lentamente, disfrutando tanto la lejanía como la proximidad; el contacto inminente. Cierro los ojos, con igual calma, sin sentir la más mínima culpa, aunque deba permanecer escondido.

Entonces, algo en mi interior me arrebata hacia la realidad, y giro para observarla a sólo unos cuantos metros, mirando sin dar crédito a lo que sucede. Aprieta los puños, mientras contiene un grito que no sale pero se advierte en el temblor de sus mejillas, y sus cejas que intentan encontrarse en el gesto amargo de decepción.
Es la segunda vez que me sorprende, pero al parecer, creyó en mis ruegos aquella noche cuando, sentado en una banca del parque, me atrapó en las mismas.
Pero temo, aunque no me sienta culpable. Así soy. Temo mucho las consecuencias. Podría intentar una mentira forzada, una distorsión de los hechos, una justificación improvisada, pero el bloqueo mental obstruye las palabras, y sólo puedo verla mientras se aleja. De nuevo quedamos los dos, pero la interrupción ha vencido el momento. Considerar la magnitud de mis actos es ahora más importante.

“¡Mierda!” me digo. Nada que hacer. Le va a contar a mi mamá que otra vez estoy fumando marihuana.

1 comentario:

Mateo Hernández Mejía dijo...

http://elamoreslacausa.blogspot.com/2010/09/37-capullo.html