If the house is a rockin´, don´t bother knockin´. Please, come in.
martes, 16 de abril de 2013
Versión libre de Stevie Ray Vaughan
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lunes, 4 de febrero de 2013
Camus, Camus, Camus...
"Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea acaso sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan las revoluciones caídas, las técnicas que han caído en la locura, los dioses muertos y las ideologías extenuadas, en las que mediocres poderes pueden hoy destruirlo todo pero no saben convencer, en la que la inteligencia se ha rebajado hasta hacerse la sirvienta del odio y de la opresión, esta generación ha debido restaurar, en sí misma y en torno a sí misma a partir de sus negaciones, un poco de lo que da la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores pueden establecer para siempre los reinos de la muerte, esta generación sabe que, en una especie de loca carrera contra el reloj, debería restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y rehacer con todos los hombres un arca de la alianza."
Albert Camus
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jueves, 27 de septiembre de 2012
Un total deSartre
Título: Un total deSartre
Técnica: Tinta mojada sobre papel seco, con trazos de impertinencia aplicada y presencial.
Queridísimo señor Sartre: esto días me enteré que usted se puso una vez a hablar de Jazz y bananos como si de murrapitos se tratara, y Miles Davis terminó putiándolo. Casi siempre, eso le pasa a los filósofos que cometen el craso error de confundir existencialismo con existencia. Como se dijo de la Gauche Divine barcelonesa, usted sirvió para que muchos matrimonios cambiaran de pareja. En otras palabras, una broma que se volvió pesada.
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viernes, 21 de septiembre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Tres golpes
Mientras el viento frío de la
medianoche ingresa a la sala a través de la ventana, las llamas en la chimenea van
desapareciendo. Quedan dos troncos oscurecidos, casi en carbón, y lo que antes
era fuego intenso aminora logrando la sutil brasa. Pero esa es toda la luz que
habita en la vieja casona de campo donde he decidido recluirme; silencio y
soledad para leer tirado en mi silla, y recordar con las siluetas portentosas
que salen de vez en cuando de aquel fuego prodigioso.
Hace segundos las sombras
bailaban en los muros del cuarto, y ascendían en danza hipnótica hasta alcanzar
el techo. Ahora, mi figura trazada y desfalleciente se extiende, se torna como
una línea delgada ya sin forma, moviéndose al capricho de las llamas remanentes.
Me incorporo y observo lo que, en el centro de la chimenea, semeja el final de
una historia narrada en matices de rojo, amarillo, negro.
¿Tocan a la puerta? Tocan a la
puerta. Eso escuché, tres golpes secos, la prolongación de cada cual y el
sonido sin ser sonido que les separa. Pero sin intención de abrir me acerco y pongo
mi mano tímida, temblorosa, sobre la madera envejecida. No vuelven a tocar. No
voy a abrir. Nadie aguardará en el corredor. Pero abro.
Luego de conjugar todo el panorama
iluminado por la luz de la luna, y de dar dos pasos instintivos hacia la noche,
hacia el prado, retrocedo y cierro. Esta clase de cosas, según he leído, suceden
cuando, el que llama a la puerta ya está dentro. Con su anuncio de tres golpes
te indica que reposa en la silla de la sala, está en la cocina moviendo los
enseres, en el baño bajando la palanca, en tu comedor y en tu cuarto,
descansando bajo la cama.
El impulso me lleva al patio
trasero a tomar dos troncos del montículo de madera cortada y dispuesta para el
fuego. Subo el interruptor, y al encenderse la bombilla aparecen de la nada
cientos de bichos que empiezan a revoletear a su alrededor. Desciendo por una
escalinata hacia la penumbra, y de repente la puerta se cierra. Me cierran la
puerta. Empujo pero alguien al otro lado ha activado el pasador. Si usted permaneciera
solo en aquel viejo refugio más de diez años, también sentiría un leve
escalofrío escarbando en sus piernas hasta crecer y hacerle trepidar los
hombros.
Corro hacia la entrada principal, me guío por las paredes descascaradas
del exterior de la casona, mis manos dan en la oscuridad con barrotes y
columnas de concreto igual de consumidas, respiro fuerte y descontroladamente.
Está cerrada, y toco tres veces, con ansia en el corazón acelerado que nadie
abra. Y es cuando escucho los leños cayendo sobre las brasas agonizantes de la
chimenea, oigo cuando se sienta en la silla de mi sala, y nadie se acerca a
abrir. Con el frío de la medianoche en el cuerpo camino a pasos cortos hacia la
ventana por donde entra el viento cargado de luna y prado.
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jueves, 30 de agosto de 2012
Vida en Sociedad (II)
Nadie quiere colaborar. Ricardo está sacando billete de otro
lado (vaya usted a saber de dónde), Nora no encuentra trabajo, y Paulina (quien
tiene una fuerza indiscutible para llorar y golpear las puertas), se halla al borde
de una demencia típica por atención en medida extrema. Falta plata para el
arroz, para la sal, para el aceite, y cuando se bajan los vientos de esa
batalla, llega el casero a pedir lo del arriendo. Nora no sabe qué decirle,
porque además, no es muy elocuente con las palabras; el casero, por el
contrario, lleva cobrando la mitad de su vida. Está entrenado para excusas y se
conoce de memoria los discursos amañados del que debe. Que se tienen que ir en
quince días si no pagan, tiene una pila de quejas en su escritorio imaginario,
dejó ese excelente inmueble en un precio ridículo y las goteras son inventos
absurdos.
Todos se
van, menos Nora, que se encierra a escuchar música de los 70´s. No hay trago,
porque no hay siquiera para el arroz.
……….
Conozcamos
al padre de Ricardito y la niña Paulina, quien pasa de visita por primera vez a
la nueva casa: no habla con palabras en realidad; es decir, tiene un argot
enorme de insultos que conecta y separa a su antojo. No termina las frases,
porque, si lo pienso mejor, no tienen la estructura de frases. Se parecen más a
ideas que llegan a su boca luego de pasar por una parte del cerebro que se
desconoce a sí misma. Pero finalmente está agotado de ser un mantenido donde
esa señora. Quiere salir uno de estos días a buscar trabajo porque lo suyo debe
ser la independencia. Además, cuenta entre risas (complicando aun más mi
improvisado oficio de traductor y amanuense) que anoche golpeó con fuerza a esa
vieja que no sabe nada aparte de suplicar por su cariño. Nora ríe con él. Luego
le recrimina por los niños, y como si fuera iluminado por un ser superior,
nuestro caballero en busca de independencia y libertad, aclara que sin trabajo
no hay plata, y sin plata no hay obligaciones. Es lo único que sale limpio,
claro, como sentencia de juez ante cámaras y sindicado. Suelta otro par de
insultos de cuatro sílabas cada cual, y sale ahuyentado por el solo recuerdo de
sus hijos.
…………...
Ella se va
a construir en ese terreno, así le digan todos que es una invasión a la orilla
de una quebrada peligrosa. No le importa, y sube el volumen de su voz mientras
habla por teléfono con otra persona que no logro identificar. El señor del
arriendo ya decretó la salida de mis tres nuevos amigos, por lo cual, no hay
más alternativas, y nadie más en la existencia a quién recurrir. Y es una mujer
de convicciones, de eso estoy seguro. Capaz ella de edificar muros en la
ladera, levantar vigas con el talante de torre que me ha mostrado (o que he
escuchado, para ser más coherentes), alzar edificios sólo con valor. Al
parecer, se van mis vecinos, y tras ellos, las sobras de vida en sociedad.
……………
No sé qué
hacer. Estoy pensando seriamente hablar con el casero, y aclararle con tono
firme, bastante esquivo fuera de las palabras que dejo en estas páginas, la
importancia de no dejarlos ir. Vamos a ser ricos si este cuento se vende,
recibiré contratos que apilaré en mi también imaginario escritorio, pago esa
renta que es minúscula para las comodidades del inmueble, contrato señora del
aseo para que se encargue de la cocina, le subsidio la independencia al hombre
amable que da lecciones de libertad a ilusas querendonas, compro tres uniformes
para la pequeña Paulina y le abro cuenta a Ricardito el empresario.
Ellos, como pueden ver,
son mi único contacto con el mundo. Cómo estará esto de inmundo.
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viernes, 24 de agosto de 2012
Vida en Sociedad (I)
Cómo estará esto de inmundo.
Duermo en
un pequeño cuarto, conectado a una cocina compacta, y una sala con una mesa de
dos puestos sin más adornos que un frutero y un candelabro de bronce. Si
agregamos el baño de revestimiento cerámico color lila, tenemos ya una imagen
más o menos aproximada de mi apartamento. Pues bien, en este sutil recodo paso
la mayor parte del día, y por ende, la gran parte de la vida. Al lado derecho
de la biblioteca, que no supera los catorce volúmenes y a la que le sobran un
par de estantes, una ventana de proporciones ínfimas, a sólo metro y medio del
suelo, comunica al exterior: una especie de vecindad con patio en forma de
callejón, donde se acomodan como los libros en mi pieza, cuatro casas húmedas,
descoloridas, de techo raído, fachadas idénticas como vivienda obrera del siglo
pasado, todas ellas pegadas como envueltas para viaje; todas ellas, a la
intemperie, y por lo general, deshabitadas. Nos separa además del pasillo de cemento
musgoso y los vidrios del portillo, una cortina modesta que recibí de mi madre
en cualquier visita.
Y verán cómo empezó el ruido y la
corta historia: hay vecinos nuevos.
…………
Ella se
llama Nora, y tiene dos hijos: Ricardito y la niña Paulina. Aparentemente, por
lo que escuché esta mañana, Ricardo no limpió la cocina, no lavó ni un plato,
le escondió el uniforme a su hermana, y tiene que entregar al día siguiente las
tareas acumuladas de mes y medio. Nora se desespera. Ricardito intenta defenderse,
pero no hay nada qué defender, y Paulina se pone a gritar con pausas
aceleradas para tomar bocanadas de aire. No tiene uniforme.
…………
Hoy
aparecieron los amigos de Nora a las ocho de la mañana con una botella de
aguardiente, y la firme intención de lograr que todos los que vivimos dos
manzanas a la redonda aprendamos el exclusivo arte de apreciar la música de los
70´s. Hablan con vehemencia sobre la importancia indiscutible de cambiar al
técnico del equipo, cambiar al alcalde porque cada día matan más gente, mudarse
a un barrio de más clase, cambiar al mundo y arreglar esa cocina. Cuando el
primero cae vencido por el trago comienza a pedir que le mermen al equipo
porque se va de cama; por el contrario recibe silbidos y otro “guarito” doble para el
malestar. Sigue vivo, y cerca del mediodía se escapan, posiblemente, a seguir
repartiendo aguardiente y alegría en el remate.
Los niños llegan a casa
dos horas después, cuando la escena del crimen está limpia, excepto la cocina.
…………
(En pocos días, la segunda y última parte de este corto relato)
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